Poema Los Belas Romancero Alavés

Poema Los Belas Romancero Alavés por Ricardo Becerro de Bengoa

LOS BELAS

FERNAN GONZALEZ,
VICTORIOSO Sancho Abarca
en las orillas del Ebro
en Sobrarbe y Ribagorza
en Montes de Oca y el Duero,
Con su belicoso espíritu
nunca al descanso sujeto,
cuando á los moros no encuentra,
i Castilla mueve pleitos.
Y de la Rioja y sus montes
cl dominio pretendiendo,
hasta en tierra de Bureba
saca el señorial impuesto.
A su lado Sancho Belez,
de Alaba el gran caballero,
en sus empresas le ayuda,
rual le ayudó de mancebo.

Y sin fijarse en el limite
de los prudentes consejos,
que diera la Cofradfa
en los negocios guerreros
los soldados alabeses,
animados por su ejemplo,
en moros y castellanos
enrojecen el acero.
Fernan Gonzalez el Conde,
tiene en Castilla su imperio,
y á los audaces moriscos
pone victorioso freno.
Rechaza de Sancho Abarca
los anbiciosos proyectos
y al campo nabarro envia
de paz, fieles mensajeros,
para que el trato respete
que de antiguo se impusieron
Abarca con burlas oye
las súplicas y respetos,
y por Castilla adelante
se mete con sus guerreros.
No sufre el Conde Fernan
al nabarro mucho tiempo,
y en los campos de la Rioja
sale animoso a su encuentro.
Triste jornada tuvieron
en aquel dia sangriento,
en que Castilla y Nabarra
labraron su propio duelo.
Por sus iras impulsados,
Sancho y Fernan combatieron,

y el buen Conde de Castilla
dejó al rey nabarro muerto
Defendiéndole con furia,
hasta el último momento,
alli Sancho de Guebara
sin vida quedó en el suelo.
Y el de Castilla, en su sangre
bañado, y de heridas lleno,
& cambio de la victoria
perdió á sus mejores deudos.
Rioja 8u poder sujeta
queda, y en Alaba luego
por vengarse de su Conde
va destrozando los pueblos.
No tiene la Cofradia
ningun soldado dispuesto,
porque con don Bela todos
en la lucha perecieron.
Y el de Castilla vengándose
en los alabeses ciego
las hermandades sujeta
al dominio de su acero.
En Gorbea recogidos
los procuradores presto,
á Bela Sanchez, el hijo
de Sancho, el condado dieron.
Fernan en tanto, en Guebara
al palacio pone fuego,
y á sus habitantes lleva
á Castilla, como siervos.
Cuando la fortuna cambia
cambian los hombres perversos,

y los más interesados
son los traidores primeros.
En vano Bela & los ricos,
que & su padre enaltecieron
acude, en sus corazones
no hallan sus palabros eco,
y los que por ser mas nobles
debieran dar digno ejemplo,
ante el vencedor humillan
sus frentes, ruines y arteros.
Bela Sanchez á Nabarra
lleva & su madre y sus deudos;
y a Fernan y a sus secuaces
jura implacable odio eterno.
En tanto á Castilla vuelve
el vencedor, y el gobierno
de Alaba en los Sarracinez
y Murielles deja puesto,
y á Munio Munioz y á Arrimelliz
y Zahageli a Obeco
Nuñez y á los Godesteos
ricos-homes, que,á Guebara
armaron continuos celos,
y que ahora son cortesanos
del castellano altanero,
la guarda y orden confil
del desventurado suelo.
Bajo su amparo tutela,
como alabeses, siguieron
la Cofradia de Arriaga
en sus juntas reuniendo;
y alli la antigua concordia

quedó rota sin remedio
de Nabarra y de Castilla
ante los bandos opuestos.
X
Pronto tan ruines discordiax
guardan el naciente fuego,
porque la patria en peligro
los moros ponen de nuevo.
Abderrahaman desde Córdoba
turba el cristiano sosiego,
por Castilla sus gentes
y
avanzan con gran estruendo
Don Ramiro de Leon
acude al campo el primero,
mientras que Fernan-Gonzalez
demanda auxilio á suS pueblos
Ansiosa la Cofradia
de Arriaga, toma el acuerdo
de armar á cuantos vecinos
puedan empuñar el hierro,
y de recoger socorros
sin tasa y en breve tiempo.
Las banderas alabesas
cruzan de Castilla el puerto,
y en Búrgos, ante su Conde,
prestan su leal juramento;
con él parten, á los campos
por donde circula el Duero
y al llegar, el rumor oyen
del combate, desde lejos.
Es en Simancas: la tarde

avanza en aquel momento
en que el rey Ramiro vence
a Abderrahaman altanero.
Las orillas del Pisuerga
cubren millares de muertos
y el espanto irresistible
cunde en el campo agareno.
Tardío Fernan Gonzalez
parece añadir su esfuerzo,
mas su llegada, aun tardía,
produce el triunfo completo.
Los nutridos escuadrones
moriscos, que van huyendo,
alcanza, el paso cortándoles
en el instante postrero.
en fera carniceria
á sus valientes metiendo
al ejército morisco
deja perdido y deshecho.
Alli los hijos de Arriaga
cuales son cumplen, cual buenos,
y en tan insigne victoria
brillan entre los primeros.
Paga la sangre alabesa
á la pátria el noble impuesto,
en defensa de su gloria
y su libertad corriendo.
A la pobre tierra vuelven
la mitad de los que fueron
y en Armentia y en Arriaga
cuelgan sus nobles trofeos.

 

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